
Por: Shuuut
Así es, la tercera semana ha finalizado, y para aquellos que no hayan cedido al torniquete del satánico doctor Luis Carrasco, (el sádico prof apenas está afilando sus herramientas de “trabajo” jajaj (risa diabólica), eh) bien! Pues estamos entrando al tema de la globalización, y para hacerlo de una forma en que lo puedan recordar el resto de la carrera, comenzaré con una cita de don Mircea Eliade: “Es nuevo únicamente a nuestros ojos de seres condicionados por el tiempo y por la historia”.
Eso vale para reflexionar en cómo lo anterior es el hecho primordial en lo efímero de nuestras vidas, y nuestra perdición como especie…
Jajaja.
Pero antes de ponernos como Elmo el EMO, a encajarnos agujas hipodérmicas, reventarnos las neuronas al ver toda la taranovela de La Dueña, y decirnos que no valemos nada, y para qué chingaos estudiar; pues vayamos a otra cosa. Lo anterior también les insinúa que como dijo el prof, la globalización no es algo nuevo, y trazar sus comienzos es toda vez muy complicado. Sin embargo, esta semilla, según los expertos, puede rastrearse hasta el 343 antes de Cristo.
“Después de Alejandro Magno quedó radicalmente alterado el perfil histórico del mundo. Las estructuras políticas y religiosas anteriores –las ciudades Estado y sus instrucciones culturales, la polis como centro del mundo y depositarias de los modelos ejemplares, la antropología elaborada a partir de la certeza de una diferencia irreductible entre ‘griegos y bárbaros’ se hundieron en su totalidad”.
Es que fíjense que según esto, el mismo Aristóteles (en realidad para muchos estudiosos la civilización occidental tal y como la conocemos hoy día desciende de las ideas de Sócrates, Platón y Aristóteles), que fue maestro de Alejandro, decía que los esclavos lo son por naturaleza, y los “bárbaros” (o sea, los extranjeros) son esclavos por naturaleza, es decir, que nacieron para ser esclavos.
Y la idea de unificar al mundo conocido en una sola raza que tenía Alejandro era tan adelantada a su tiempo que ni los mismos macedonios estaban dispuestos a aceptarla.
“Los macedonios distaban mucho de compartir la idea política de su soberano; si eran vencedores y conquistadores, no veían en los ‘bárbaros’ otra cosa que pueblos vencidos. Cuando los macedonios se amotinaron en Opis, porque, como dijo uno de ellos ‘has hecho de los persas nuestros parientes’, Alejandro exclamó: “pero yo los he hecho a todos parientes míos”.
Pero no acaba ahí, cita Eliade que después: “(Alejandro) Deseó también que todos los pueblos del mundo pudieran vivir juntos en armonía y en unión de corazón y de espíritu. Antes había dicho que todos los hombres son los hijos del mismo Padre, y que había recibido la misión de ser el Reconciliador del mundo”.
Así, se explica que después de Alejandro, la relación entre ese mundo conocido hasta entonces, Asia, África y Europa, ya no se ha detenido, y de hecho son las ideas en embrión del proceso que hoy llamamos globalización, que no adquirió dicho término sino hasta que comenzó a involucrar el acercamiento del mundo entero.
¿Les suena a la teoría de la Aldea Global de Marshall McLuhan? A nosotros también.
Sí, al Alex le gustaba la sangría. Aquí en la famosísima
batalla de Gaugamela (no es albur), tan solo por esa
bien reconstruida escena ya vale la pena la movie
Y la tarea inútil de esta semana es…
Ok, Cuando estuvo en Gordio, Alejandro resolvió un gran enigma de la antigüedad que parecía sin solución, de una forma que, en sí, demostró al mundo un método de hacer las cosas que no se conocía hasta entonces, y paradójicamente, es una manera que se asemeja mucho a la forma de hacer las cosas en la modernidad. Si quieren la participación completa que envuelve esto, tendrán que sorprendernos con una buena reflexión sobre la acción de Alejandro y el significado que tuvo para la posteridad. Las 3 mejores se comentarán en clase (claro si alguien lo hace).
Y para que se inspiren para su revaloración del buen Alejandro Mango (sí, lo sé, mi humor está decayendo, lo siento), consigan la peli de Alexander (2004) dirigida por Oliver Stone (no se preocupen, ya se las regalan en la compra de un disco de Yuri en el Sangrons).
Dejen de lado que Alejandro era Gay-torade sabor piña pa la niña, (con todo respeto a la comunidad gay), y olviden el pésimo acento de la mamuchis, Angelina Jolie (¡¡pero qué labios!!), y la subtrama de Stone, que carga un complejo edípico del tamaño de la barriga de Agustín Carstens, (ok, una mala metáfora, tan mala como el gordo asqueroso ése).
Céntrense en la impresionante idea de líneas arriba: “un visionario”, y enlazarán la teoría seria de don Mircea Eliade y la escuela ruda de la antropología y la historia, con un divertimento, además de tener una nueva visión de los procesos que se hacen más evidentes con el predominio de la cultura de posguerra. La película para muchos es una gran pérdida de tiempo, pero está lejos de ser eso, busquen la versión sin cortes del director, es la que vale mucho la pena.
Y vuelvan el próximo viernes por más, sí señor.
Bibliografía
ELIADE, Mircea. Historia de las Ideas y Creencias Religiosas, Tomo II, España, Paidós Ibérica, primera edición. 243-249 p.p







